A los 17 años se transforma en pupilo de El Perugino, del cual hereda la simpleza que evita retratar los detalles en exceso. Rafael, sorprende con la claridad de sus formas, es sencillo y directo.
Poco a poco, alejándose de la influencia del maestro, se inclina hacia la manera de pintar de sus compañeros Leonardo y Miguel Angel, con quienes se une en Florencia alrededor en 1504. Los tres son llamados a decorar la capilla Sixtina en Roma, hoy en el Vaticano.
Los frescos de Rafael gozan de estilo personal, distante del detallismo florentino desarrollado en ese mismo lugar por Bottucelli, Ghurlandaio y Della Francesca. Sin embargo, en sus obras de pintor ya maduro, si se trata de influencias, asoma la mano del más talentoso de todos los tiempos: Miguel Angel
Sus obras más importantes:
Angel
La disputa



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